Doce platos, un api y nadie comió de pie en Challacollo

El 20 de junio, en Challacollo, la olla grande estaba lista a las 12:20: sopa espesa, un huevo y api en vasos de colores. Nada de banquete. Dos voluntarios —camisetas blancas, el logo de la casa con la cruz— sirvieron. Un tercero sentó a los más chicos para que nadie comiera de pie.
Emanuel, 9 años, ya no escondía el cuaderno. Preguntó si había suficiente para el que llegara tarde. Había. Jairo, 13, se quedó al borde de la mesa y al rato acercó una silla. Magaly no lo señaló. El equipo aprende a no convertir un gesto en testimonio público.
La olla se vació a las 13:10. Un niño pidió repetir. Había. Otro no quiso foto. Tampoco hubo. La merienda se ve; no se exhibe. El teléfono del equipo apuntó a la olla y, de a ratos, a las manos que servían.
Después lavamos. Eso también es el sábado: el que sirvió, frota. El que jugó, apila vasos. A las 14:00 el patio volvía a ser patio.
Si tu donación cubre la merienda o si vienes a servirla, es el mismo lazo. Completa el formulario. Hay un delantal y un nombre esperándote.
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