Antes de abrir el portón, el equipo oró los nombres del sábado

El 15 de agosto, antes de abrir el portón, el equipo se tomó de las manos en el patio de la sede. No había niños todavía. Había seis voluntarios, el coordinador y Camila con la mochila puesta. El sol daba en el ladrillo de atrás.
No fue un “por todos los niños del mundo”. Camila dijo Nayeli. Magaly, Kevin. Jhonatan, Emanuel y Jairo. Alguien nombró a Liseth y al hermanito. Cuando tocaba un nombre en espera, la ronda hacía una pausa: hay carpetas abiertas que no se publican. La privacidad también es oración.
Duró siete minutos. Después se abrió el portón. El patio se llenó del ruido de siempre. Pero la lista del sábado ya había sido pronunciada. El que sirve sin nombrar, se cansa antes.
Un voluntario nuevo preguntó si podían grabar el círculo “para las redes”. No. La oración del equipo no es contenido. Es el minuto en el que el débito y el delantal dejan de ser abstractos.
Si vienes un sábado, llegas diez minutos antes. Hay un círculo. Hay un nombre. Hay un lugar para tu mano. El formulario está en Voluntariado. Sembramos fe, transformamos vidas.
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