Apadrinamiento

En Challacollo, Emanuel leyó un cuento entero a su madrina por WhatsApp

11 de julio de 2026

En Challacollo, Emanuel leyó un cuento entero a su madrina por WhatsApp

El 11 de julio el almuerzo de sábado en Challacollo fue sopa de fideo, huevo y un vaso de api. Nada de banquete. A las 12:48 Jhonatan —voluntario de los sábados— apoyó el teléfono contra una piedra del patio porque no había trípode. Del otro lado, en un living de La Paz, la madrina de Emanuel se acomodó los lentes.

Emanuel, 9 años, tenía el cuento de la semana. Lo había practicado el sábado anterior con Camila. Empezó bajito. A la tercera página ya no se le oía el temblor. Leyó las doce páginas. Cuando dijo “fin”, la madrina aplaudió contra el micrófono y se le quebró la voz: “Dile que lo escuché entero. Que no corte”.

Había otros siete niños merendando. Nadie filma la cara de los que no están en esa llamada. El teléfono apuntaba al cuaderno y, de a ratos, a Emanuel de perfil. Así acordamos con las familias: el lazo se ve, no se exhibe.

Después comimos. Emanuel preguntó si su madrina también había almorzado. Jhonatan le pasó el dato: “arroz y un huevo, dijo”. El niño asintió como si eso importara. Importa.

La videollamada duró 11 minutos. No sustituye la carta de junio ni el informe de agosto. Es un extra cuando el padrino no puede bajar a Oruro. Si quieres lo mismo con tu ahijado, lo coordinamos un sábado: hora, test de audio y un adulto de Beréa sosteniendo el teléfono. Nunca el número personal del niño.

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