Historias

Jairo, 13 años: el sábado que no se escondió detrás del arco

4 de julio de 2026 Challacollo, Oruro

Jairo, 13 años: el sábado que no se escondió detrás del arco

“Yo pensaba que esto era para wawas. Me quedé porque me pasaron el balón y nadie me gritó.”

Jairo, 13 años

Jairo tiene trece y una teoría que el equipo escucha seguido en Challacollo: “esto es para wawas”. Dejó de ir al colegio un mes, no con un anuncio, sino dejando de cruzar la puerta. El papá está en Chile. La mamá vende en la tranca. Nadie tenía un discurso listo.

El coordinador no lo fue a buscar con una carpeta. Un sábado, en la pichanga del patio, Jhonatan le pasó el balón y nadie le gritó cuando falló el arco. Se quedó hasta las cuatro. Al siguiente sábado trajo el mismo buzo. Al tercero, Camila le puso un cuaderno en la mesa y le dijo que el refuerzo de adolescentes era a las 9:30, no con los de siete años.

No es un testimonio redondo. Jairo todavía falta. Todavía se esconde algunos sábados detrás del arco. Pero el 4 de julio se quedó a merendar y, al rato, ayudó a un niño de Iroco a atarse los pasadores. Magaly lo anotó en el cuaderno del equipo con dos palabras: “no se escondió”.

Si apadrinas a un adolescente, el lazo no es una carta dibujada. Es un adulto que no lo expone y un patio donde el balón también cuenta. Jairo todavía no tiene padrino. La carpeta espera, igual que él, sin vitrina.

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En Fundación Beréa el apadrinamiento es un niño concreto de Oruro: cuaderno, merienda y un lazo que se atreve a decir el barrio.

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